Notas sueltas

 

De a poco se van acortando las sombras ; el frío de este primer invierno en un departamento de la calle Sarandí quedará como un recuerdo, como la mononucleosis que me derrumbó casi dos meses, o como mis devaneos por hacer pie después de 20 años fuera de Buenos Aries. Acaso más rápidamente se olviden los correos tardíos del Perú. Porque con este primer sol llega un tibio calor, el de nuevos brazos, el de un sereno amor.

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y vino el invierno sin casa ni cuartel, destempló el alma y el cuerpo...

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Mi tío, un buen hombre


Anochecía ayer en los Rovi cuando empujé la tranquera. Venía de hacer mi jogging hasta ls Parada de Robles, sudado pero complacido porque mi cuerpo comenzaba a encontrar el ritmo adecuado del trajín físico, ese que siempre ayudó a estabilizar mi espíritu. Arcadio caminaba con su andar lento por el borde de la pileta esparciendo ácido para limpiar el agua.
- ¿Qué tal la corrida? Bueno, igual no le tenés que ganar a nadie…
- Bien. Eso es cierto, en realidad uno lo hace para uno.
Unos minutos más tarde compartíamos la parte final de una de esas series forense-policiales, interrumpidos esporádicamente por los comentarios de Susana. Él se duchó primero, bromeando con que, siendo así, no limpiaría el baño. Mientras, yo preparaba una ensalada. Atendiendo un pedido de Susana lo encontré, cuando yo salía de la ducha, intentando atar a los perros de un vecino que habían quedado a nuestro cuidado para que estuvieran protegidos de una mal pronosticada lluvia. Ahí, en ese instante, vi los achaques de su cuerpo; fue una instantánea de su cardiopatía, su hipertensión, su diabetes y su cojera. El contrapunto fue el lindo pensamiento de que jamás le escuché una queja. Até los perros y fuimos juntos a la casita a cenar. Le hice unas hamburguesas y yo me comí la ensalada. Alabó unas albóndigas de arroz que habían quedado del mediodía y nos pusimos a charlar. Me contaba de la tarjeta de invalidez por “11 meses” que le otorga la Provincia cada año, hablaba del sueldo que le quedaba por cobrar antes de viajar a Miami a ver a su hijo y a su nieta Pilar e intercalaba alguna anécdota, que no por conocida era menos risueña. No mucho más tarde lo saludé con un buenas noches desde la puerta. Él me contestó con un hasta mañana desde el baño.
Esta madrugada Arcadio, ese hombre recto, correcto y bondadoso de 100 kilos, también eterno niño, buen anfitrión y cariñoso abuelo murió en paz mientras dormía.

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Aporque

Fíjate Vicente que no tengo un techo fijo pero tengo un cielo magnífico y puedo sentarme, como ahora, a escribir sin contemplar otra cosa que estrellas y escuchar un contrapunto entre grillos y chicharras. La moto, aparcada a mi lado, es testigo de esas anécdotas recogidas en cientos de horas de video y miles de fotos que edito caprichosamente. Mi amigo, a veces me animo a volver a ese pasado reciente pero otras su ausencia me aturde…ya sabes cómo es. Pues sí, así está la cosa, Vicente, que el viento no siempre sopla de la popa y sin embargo este viaje sigue valiendo la pena. ¿Cómo explicas si no que las semillas que había traído de Bolivia y Perú, y que planté hace unos pocos días en esta llanura porteña, ya se hayan transformado en los primeros brotes de habas, maíz morado y rocoto?

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En Scanapieco las cucharitas ya no son de madera…pero…

…no podía hacerlo de otra manera que no fuera así, despacio y gradualmente, pero sobre todo, en enero. Sólo entonces siento que la ciudad en que nací es parte mía. Porque no hay ciudad más hermosa que Buenos Aires en verano*, cuando sus calles pueden recorrerse sin el agobio de las muchedumbres y se disfrutan rincones impensados. Las noches son coros de grillos, terrazas donde se puede charlar eternamente, restaurantes y heladerías a media entrada y avenidas más anchas que nunca. Y aún así la ciudad no duerme, la gente siempre tiene algo que hacer de noche, las hermosas mujeres no se han ido todas de vacaciones a la costa. Se habla de los cien barrios porteños pero uno puede disfrutar noches enteras sin salir de uno solo. El verano en Buenos Aires ofrece además espectáculos gratuitos impensados en otras metrópolis. En Londres, en Viena o en Hamburgo, la oferta cultural es amplia pero en contados casos pude disfrutar de artistas consagrados sin recurrir a la billetera. Aquí no sólo es Tango o Teatro. Pedro Aznar, Javier Calamaro, Javier Malosetti, Antonio Tarragó Ros, Los auténticos decadentes, Divididos…y tantos más tocan y tocaron en espacios abiertos de la ciudad. Y ¡qué decir de los paseos en moto! Hasta marzo son noches de cenicienta, mi lugar en el mundo.
*esta subjetividad tal vez me la perdonen los romanos en agosto.

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ACCIÓN PARA LA ESCUELITA 307

Comienzan las clases en poco tiempo y estoy juntando útiles escolares, ropa y calzado para enviar a los chicos que concurren a la escuela de Marapa. Aquellos que ya conocen este proyecto pueden contactarme por los canales habituales. A quienes además deseen participar del proyecto para-programático los invito a visitar el website de la escuelita: www.escuelita307.com.ar donde encontrarán detalles del emprendimiento y mis datos de contacto.

¡Gracias a todos!

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El perro cachorro, cuando está acostumbrado a su lazo y lo sueltas, corre alocadamente, parece disfrutar ilimitadamente su libertad.
El perro viejo, cuando está acostumbrado a su lazo y lo sueltas, se queda quieto, da unas pocas vueltas y busca la seguridad y la guía del lazo.
El duelo se está acabando. Aún me siento perro cachorro.

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Hace años intuí que la vida estaba hecha de destiempos: de amores y desamores tan paradójicos y tan fuera de una cronología como nuestros errores y nuestros aciertos. Hoy me lo confirma...

Retazo de tu amor
Que acerca hasta la voz,
Perfume que la ausencia derramó,
Sentimiento que se cuela sin pudor.
Cansada de mil noches sin anhelos
El silencio desató mi furia y tu traición:
Con la última estrella se perdió.
Ahora es el después, ya nada importa.
Cuanta ausencia se llevó,
Tratando de aliviar mi triste realidad.
Todo al final, encuentra su cristal
Vuela al cielo de tu juventud.
Otra vuelta y pasará,
Mis lágrimas de sal
Me arrastran a otro cielo que vendrá.
Ya no hay sombra que sostenga este temor
¡Todo lo que fui, tanto le dolió!
Ya no hay sombra que sostenga este temor
Ahora es el después, ya nada importa.
¿Cuántos años se llevó?
Tratando de aliviar su triste realidad
Todo al final encuentra su final
Vuelve al cielo de tu juventud.
(Tango “Final”, de Valeria Uher)

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Valeria me entregó el fin de semana una copia de su nuevo CD, grabado con el Metejón Malevo, “Según el Cristal…”. La evolución de su música es indiscutible. Su voz, cuando milonguea, sigue enamorándome. El resto es cuestión de gustos, como inteligentemente sugiere el título del CD.
Lo nuevo http://www.myspace.com/metejonmalevo
Lo clásico http://www.salypimienta.de/radio/secciones/contenidos/valeria.htm

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¿Qué me gustaría hacer para ganar dinero y vivir? ¿Cuáles de las opciones que tengo para ganar dinero y vivir son las que me agradan? ¿Dónde quiero hacerlo? Me planteaba muy temprano estas preguntas de vida y supervivencia en el parque de la casa de campo que me hospeda, un poco angustiado por la puja entre el sentido moral -social del deber y la vocación. Hago hincapié además en que era temprano porque estaba aún obnubilado por la resaca de un mal sueño en el que llegaba a una ciudad atestada y no conseguía hospedaje y para peor me robaban el dinero que llevaba en la billetera…
En este estado de mi espíritu, a escasos metros un revuelo me distrajo. Un gato gris al que veo a menudo merodear en las mañanas, giraba sobre su cuerpo, manoteando, ocupado en no dejar escapar a un pequeño pájaro que luchaba por salir de su boca mientras dos zorzales se desesperaban agitando sus alas y dando al gato inútiles picotazos mientras piaban salvajemente para salvar al pichón. La escena terminó con el gato escapando hacia el terreno del vecino con el pájaro en su boca y los zorzales persiguiéndolo sin dejar de piar ensordecedoramente. A uno de los zorzales lo había visto en días anteriores llevar en su pico alimento al nido.

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La Pachamama llora

En esta hermosa y tórrida noche de verano porteño un diario me acerca la noticia que 2000 turistas se encuentran varados en el Machu Picchu debido a las torrenciales lluvias que causan desmoronamientos en la única vía de acceso. La situación, que a primera vista no parece poner en riesgo la vida de los visitantes, sí pone en evidencia la característica del negocio que representa el monopolio de Perú Rail en el tramo Cusco-Aguas Calientes. Sin una alternativa terrestre para salir, porque el consorcio de hecho entre Perú Rail y los operadores turísticos no permite siquiera conectar por carretera la base del Machu Picchu con el pueblo vecino de Santa Teresa, los visitantes no tienen más opción que pernoctar en el minúsculo invento llamado Aguas Calientes, un tinglado de lujo para los turistas-de-paquete. Y como en temas de solidaridad los cusqueños no son ningunos abanderados imagino los precios de los alimentos y cobijos en Aguas Calientes (quienes conocen la zona tendrán problemas en evitar la carcajada cuando el ministro de turismo peruano habla de Puente Aereo...)
Pero también el mal de unos cuantos suele favorecer a otros pocos. Sonrío pensando que en este caso más de uno que conozco en el Cusco debe estar de parabién, con los turistas sin poder salir al Valle Sagrado y con la única opción de merodear la Plaza de Armas …y alguno que otro local de artesanías y pequeño café en la Plaza de San Blas.

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Visionario o reivindicación
Allá por septiembre de 2007 le dediqué dos espacios en mi programa de radio en Hamburgo al tema de la obesidad. Uno de ellos concentró su contenido en la obesidad como “Problema de Estado”, que lo es, si prestamos atención a las medidas que tienden a adoptar los países menos improvisados. En una parte del programa, no sin afán de polémica, sugerí medidas como aumentar los impuestos a los obesos (por el tema de los costos de salud, transporte e infraestructuras, que erosionan el erario público) así como incrementar las tarifas de los obesos que viajan en avión. ¿Por qué debo subsidiar con mi pasaje el transporte innecesario de tejido adiposo, mientras las compañías aéreas restringen el peso del equipaje que cada pasajero puede transportar?, disparé. ¿No es acaso mi propuesta, además, una medida ecológica? Mi sugerencia también incorporaba una metodología: que se pesara al pasajero con su equipaje, se le tomaran datos biométricos para calcular su masa corporal y se aplicara una escala de precios (con su debida tolerancia, por supuesto) de acuerdo con el exceso de peso de la persona en función de su índice de masa corporal calculado. Mi provocación, siempre en tono distendido, fue efectiva. Fui atacado de todos lados: los liberales porque sugería restringir la libertad individual de ser obeso; la derecha conservadora porque mi propuesta significaba un cambio; los obesos, porque les atacaba el bolsillo; los verdes porque mi sugerencia era insuficiente, para ellos hay que directamente prohibir los vuelos comerciales. Casi dos años y medio después sucede esto: http://www.elmundo.es/mundodinero/2010/01/19/economia/1263936869.html . Parece que por las buenas o por las duras los obesos tendrán que empezar a tomar conciencia del daño personal y social, además del gasto que genera su condición. Como en septiembre de 2007 sin embargo mantengo la salvedad hecha y opino que deberían quedar dispensados de cualquier medida punitiva aquellos obesos por causa de hipotiroidismo, Síndrome de Cushing etc.

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Daños colaterales de la depilación de nariz

Sala de guardia de cirugía del hospital San José de Capilla del Señor. Lunes por la mañana. Enfermera y médico muy simpáticos.

- ¿Cómo te quemaste?
- Desmalezando un terreno que tengo.
- ¿Se te cayó kerosene en el brazo?
- No, usé nafta súper de la moto y explotó.
- ¡Uy, y yo pensé que había conocido a todos los boludos en tantos años de profesión! No, en serio, considerá que naciste de nuevo.
- Es curioso, doctor, eso es precisamente lo que vengo haciendo desde hace 15 meses…

(Para aquellos detractores de todo lo que es público; para todos los sabios de sillón y caja boba que dicen que esto es Perú o Colombia … con la autoridad que me da la comparación de lo vivido en tantos países durante los últimos 18 años les digo: quisiera que siempre que tuviera un problema de salud me atendieran con la celeridad, la efectividad y la humanidad de que fui trato en este pequeño hospital de pueblo; ah... y no pagué un centavo.)

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Depilación casi definitiva a la nafta súper (do not try to do it at home..)

Después de desmalezar 2500 m2 me quedaba por resolver esta mañana el montón de ramas y gruesos troncos de árboles acumulados por algún mal vecino en mi terreno. No iba a dar más vueltas, tenía que quemar todo de una vez. No había viento y me cercioré de que el montículo, grande, estuviera lo suficientemente aislado de cualquier resto de pasto seco y de las ligustrinas que limitan con mi vecino. Pero las precauciones, dicen los viejos, nunca son suficientes. Y tienen razón porque no tuve en cuenta en su justa medida el poder combustible de la nafta súper de 95 octanos que saqué de mi moto para iniciar la hoguera. Aún a una distancia que creí prudente y desde donde arrojé la lumbre para iniciar el fuego, la onda de calor que siguió a la pequeña explosión eliminó todo vestigio de pelos en mi brazo derecho, tipo dorando-la piel –del pollo, a la vez que chamuscaba mi barba y el pelo que se escapaba por debajo de la gorra. Los anteojos de sol evitaron un mal mayor pero lo más curioso fue mi nariz. Estaba lisa como bola de billar, no me dolía demasiado y no había quedado uno solo de los muchos y molestos pelos DENTRO de las fosas, que suelen crecerme a un ritmo desmesurado. No voy a tomarme molestias de patentamiento. Como con los remedios, estoy convencido de que el saber le pertenece a la humanidad, así que ya saben, pueden tirar la maquinita y la tijera…nafta súper a una prudente distancia es el método más efectivo, si bien no del todo el menos peligroso para quitar los irritantes pelos de las fosas nasales.
(Gracias Pachamamita, te debo otra, y van… )

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Mi vecino Ramón
“Pibe, yo tendría que haber hecho como vos, largarme a hacer la mía. Te felicito. Si mi viejo hasta me legó una viola y yo fui amigo de Contursi… de José María, el hijo de Pascual, también genial…y mirá,¡terminé trabajando 30 años en el Banco Provincia! Es que yo había nacido en Mercedes y en esos años ir a Buenoa Aires, vos sabés, al banco, eso daba estatus… y yo no le había hecho caso a mi viejo, que me decía estudiá…no, en sexto grado le dije que no quería, así que me mandó a laburar. Hice de todo, pero lo mío era la avenida Corrientes y el Viejo Almacén. Ahí Pichuco me miraba y siempre me dedicaba un tango…ya te voy a contar.. .pibe, ahora, de viejo, me puse a ordenar toda la bohemia, los recuerdos de aquella época y los evoco en la guitarra. Escuchá lo que te digo. Grande como en los ´40 no hubo más, sobre todo un genio como Discépolo, ¿quién le reclama a Dios como él?

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Por un pelo no me quedé en Cusco, Ramón. Bueno, no es por el famoso pelo ese que imagina…bueno, tal vez un poco de eso hay. Pero da para letra de tango…acaso para usted o ¿qué hubiera escrito Discepolín en mi lugar?, Ramón, usted que lo conoció bien.

"Ya la escribió, Pibe, es una milonga... te la acordás...tan, tarantan, tan...varón pa quererte mucho, varón pa desearte el bien, varón pa olvidar agravios porque ya te perdoné. Traeme la guitarra."

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¡Ay, Pachamama! Mientras me bendices con unos terrenos donde me brindas hermosos pastos y árboles, donde jilgueros, torcazas y zorzales me despiertan bien temprano, en Haití, Pachamama, te mostraste inmisericorde con los más pobres. O es qué quisiste acaso recordarle al mundo que el infierno ya existía en una isla en medio del paraíso…

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En Buenos Aires me entero de que mi hermano es dueño del “Paru”, un restaurant de esos que están de moda en todas las capitales del mundo y que hoy llaman de comida fusión. El nombre del establecimiento indica que es peruano y el chef lo es, aunque de apellido holandés. La comida está a medio camino entre Japón y Perú (¡Sí, también es literal, abundan los pescados!) pero, según me dicen, cuenta con algún toquecito criollo. Para los barrocos críticos gastronómicos argentinos el restaurante es bueno. Está ubicado en Palermo Hollywood o Soho (o… ya no sé qué subdivisión es cuál del antiguo barrio que amaba Cortázar). Hablan de un sushi “crocante” que he probado una vez en el Cusco, de manera casual, en un restaurante que es de un ex socio del chef peruano-holandés y cuyo administrador conocí. Paradojas de mi viaje.

http://fortunaweb.com.ar/diez-restaurantes-peruanos-que-debe-conocer-en-buenos-aires/

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Es el sopor de la siesta.

Hay momentos en que te extraño como si hubiera dejado una parte de mi cuerpo olvidada en el tuyo, como si ya hubieses sido la mujer soñada en aquellas tardes de verano de mi adolescencia, como si lo que me queda hacia adelante fuera sólo esperar que pasen los días, los meses y los años.
Estoy de regreso o de paso donde todo empezó. Aquí imaginé tierras lejanas y una heroína a mi lado. Siempre fui afín a soñar pero también a realizar, así que visité y hasta habité esas tierras de mis anhelos. Más de una heroína también hubo. Sin embargo, cuando recuerdo las princesas de mis primeros cuentos, sólo veo tu cara. Si una guitarra andaluza me transporta a los versos de García Lorca, sólo veo tu silueta en el patio de Nueva Baja. ¡Pero si Polina y hasta La Dama del Perrito tienen ahora rasgos aindiados!

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22100 km ...

“No hay camino para la paz, la paz debe ser el camino…la práctica es simplemente sentir paz mientras caminas. Si quieres andar por la paz, debes hacer que tu caminar siga la práctica de la paz. Esa es la manera de tocar el corazón de las gentes. Lo importante no son los kilómetros que recorras, sino la calidad de cada paso que des”. (Thich Nhat Hanh)

Me atrevo a agregar que el camino siempre lleva hacia adentro de nosotros y que es el único medio y fin posibles hacia la felicidad. “La gente realmente feliz está completamente en el momento”, dice Thich... en cada recodo y espacio del camino.

... los dos sufrimos.

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Verdurita

De visita en Buenos Aires voy a comprar verdura a la tienda de la esquina y quien me atiende es una mujer peruana. En la otra cuadra los verduleros son una pareja de cochabambinos. Busco y les pregunto si tienen maíz de grano grueso, chuño o rocoto. Nada, todo se siembra en huertas de las afueras de la ciudad; casi todo es transgénico. Extraño los mercados a cielo abierto del altiplano boliviano-peruano, a las caseras con quienes se regatea hasta un kilo de papas (ay…las papas…). Me dicen los cochabambinos que me pueden traer grano de choclo blanco a 15 pesos el kg. También sé que el viejo y gardeliano mercado del abasto es hoy un asentamiento peruano y que ahí se pueden comer acriollados ajíes de gallina, papas a la huancaína y hasta ceviches de dudosa reputación. Un amigo me dice además que hay un Galpón Comunal de verduras y hortalizas ecológicas en mi querido barrio de la Chacarita, que abre los sábados. Allí iré. Mientras, voy desmalezando mis terrenos en Capilla y mi cabeza juega con la idea de una pequeña huerta y un vivero, donde sembrar los granos y semillas que he traído de Bolivia y Perú. No soy agricultor pero eso la Pachamama lo sabe de sobra. Sé también que me ayudará con los maíces, las habas, los locotos y rocotos…quizás hasta me bendiga con alguna cosecha pequeña de quinua. Despierto y caigo en la cuenta de que la tierra significa arraigo. Dudo. La moto y el camino me sueñan.

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“Te amo “en castellano se expresa y se escribe rápidamente, como casi sin pensarlo, ¿no? "Jeg elsker dig", "ich liebe dich"...me sonaron siempre como...más perdurables.

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Gracias

Son 22800 los km recorridos en planos, altiplanos, montañas, quebradas y selvas pero muchos más son los kilómetros que he recorrido hacia adentro. Algunos de estos últimos fueron, a veces, mucho más difíciles de sortear. Quiero agradecer y homenajear a todos ustedes, amigos del camino, que se dieron cuenta de cuál es la esencia de mi viaje y me apoyaron y me apoyan. Saben que las puertas que abrieron generosa e incondicionalmente en La Paz, en Guayaquil , en Alberdi , en Quito, en Arequipa….siguen viajando conmigo a todas partes. De las miles de fotos y postales del camino hay una imagen que este forastero nunca podrá borrar y es la de nuestro reencuentro, porque mi viaje sigue…

Feliz 2010!

...pese a tu ausencia...
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Y yo que decía que hay que expresar ...

“En cada familia debería haber un miembro capaz de llevar a cabo una comunicación con afecto” . La frase la he leído recién en un libro escrito por Thich Nhat Hanh que llegó fortuitamente a mis manos. Con sorpresa veo que explica mis intentos, posiblemente vanos, de llevar a cabo este tipo de comunicación en meses recientes, en el Cusco.
En aquellos días fui consciente de la necesidad primaria de comunicar con afecto, con consciencia, generando seguridad y confianza en quienes me escuchaban. Los destinatarios fueron unos niños a quienes quise mucho y que, en su forma de reprimir el dolor y el miedo, reflejaban mi infancia y me daban la posibilidad, ahora, adulto, de hacerla consciente. Supe interiormente, como por un impulso de sabiduría imperturbable, que si le daba la posibilidad a los niños de expresarse sin reprimir el dolor y el miedo, hablándoles con un afecto que no suprimiera en nada los míos, ellos irían descubriendo lentamente su propia consciencia: abrazarían su dolor y su miedo. A partir de allí dejarían de ejercer violencia contra ellos mismos para suprimirlos, dejarían de expresarse en formas de resfríos, alergias, orinadas en su ropa, llantos, berrinches, problemas de concentración y chantajes afectivos para obtener atención. Con los niños sé que habría podido desarrollar esta comunicación. Es una enseñanza que debo tornar paz, sabiduría.

El km 0

Aún no llego al km0. Necesitaba disfrutar del regreso (que no es retorno) en la naturaleza y con el afecto de mis tíos, que en realidad no son mis tíos pero son mucho más que mis tíos. El verano en las afueras de Buenos Aires es caluroso y cálido, es verde, es de llanura y de árboles altos. También es de parrillas y largas tertulias. En Los Rovi además hay un quincho y una pileta más grandes que la casa, historias de familia que se repiten pero que cada vez adquieren un matiz diferente pero, sobre todo, hay mucho diálogo. Esta casa siempre ha estado abierta a todos quienes compartieron conmigo la vida. La hospitalidad siempre la di por sentada pero en Cusco aprendí que estaba equivocado. Ahora todo tiene una valoración especial.
Los cambios deben ser paulatinos para que asienten. No puedo bajar de la moto de repente. Por eso me acerco al km0 lentamente pero no para quedarme, porque sé que mi viaje en realidad está recién por comenzar.

Alberdi, Tucumán, diciembre 2009

En aquel entonces llevaba el pelo largo, rizado y atado con una cinta elástica que me protegía de los sudores del calor sofocante. Mi cuerpo pesaba noventa kilos distribuidos en una musculatura trabajada durante varios años de jugador de rugby. La primera llegada fue, recuerdo, en un coche y acompañado por mi jovial novia de entonces. Mi billetera rebosaba de dinero fuerte, extranjero, que gastaba sin demasiadas contemplaciones. Aquí, en Alberdi, la Escuelita era una intriga, una curiosidad en medio de un mundo de viajes, negocios y reconocimiento; mi seguridad se reflejaba en las prerrogativas que genera mi rol de padrino y benefactor. No sabía mucho de esta gente pero ellos me abrieron sus puertas sin reservas para que yo entrara hasta donde quisiera…o hasta donde pudiera.
Ayer llegué nuevamente a Alberdi con el pelo corto y 10 kilos menos, montando una moto cargada hasta el límite de su estabilidad, portando un machete y con gotas de sudor descolgándose de mi barba manchada con canas. Ya no tengo una empresa detrás que asegure mi billetera pero conozco más tierras y gentes. Gustavo y Carmen siguen con sus puertas abiertas y ahora yo sé entrar y quiero.

Yerma

Aún en los pueblos más pequeños de mi país la gente es extrovertida sin necesidad del alcohol. Llegue a olvidarlo allá, en las tierras altas del Cusco; tampoco recordaba la belleza de las mujeres que, a medida que avanzo hacia el sur, me devuelven las sonrisas y los bríos. En un pequeño pueblo del Tucumán apee mi moto junto a un pequeño bar, de esos que rara vez ven a un forastero. Era mediodía y sabemos la inclemencia del sol y la humedad en esta tierra de verdes incomparables. Entonces entré sin mirar, mientras me despojaba, sudado, de mi mochila, mi chuspa y mi campera pesada. Lo primero que vi cuando levanté la cabeza fue un destello de tal hermosura que por un instante lo pensé un capricho de mi imaginación o de la intensa luz que, desde el fondo del local me cegaba. Imitando la lente de mi cámara enfoqué mis ojos al círculo de su cara y luego los bajé para contemplar su figura. Así me quede unos cuantos segundos. Ella no parecía tener prisa ni molestarle mi sorprendida impertinencia. Ya no soy tímido ni me cohíbe la belleza de una mujer así que le pedí una bebida helada como si tal cosa, mientras observaba primero su perfil y luego su trasero perfecto. No parecía real una belleza de ese calibre en un lugar así. Tenía posiblemente los 18 años más perfectos de este mundo y era imposible no enamorarse de ella, aunque más no fuera, como yo, de manera platónica y meramente circunstancial. Cuando me trajo la bebida sonrió, serena, segura. Con una aún tierna curiosidad infantil preguntó si venía de lejos. Sí, de lejos regreso, conocí tierras y gentes y voy hacia Buenos Aires, donde no vivo pero tengo querencia. Eso le dije mientras mi pensamiento le suplicaba: dejá este hueco y subite a la moto, que te llevo a donde vos quieras. Su nombre es Daniela pero le dicen Yerma. No tenía sentido tal apodo, pensé, ninguna geografía podía ser más fértil que la sensación que despertaba su anatomía. Más tarde, en la estación de servicio del pueblo sonrieron respetuosamente cuando no pude evitar el comentario sobre la mesera Daniela: ah la Yermita, una pena esa chica que no menstrua.

“Ojo donde comés en Bolivia y sobre todo en Perú…¿no vas a comer en la calle, no?”

Apenas hace 5 días ingresé de nuevo en Argentina, donde funcionan las heladeras, donde la carne se guarda en refrigeradores, donde, según dicen, la bromatología es más estricta. Hace cuatro días que mi intestino me hace conocer baños e inodoros desde Jujuy hasta Tucumán. Recuerdo ahora que jamás he tenido el intestino flojo comiendo en el Mercado de San Pedro, o en las calles de Tumbes, La Paz o Guayaquil. Y aquí, donde todo es cocido, mi estómago se resiente de las empanadas, los asados y las pizzas de desbordante muzzarella. Ninguno de mis amigos del altiplano me avisó, nadie en Bolivia o Perú me dijo: “ojo donde comas en Argentina…no vas a comer en restaurantes, no?”

Ese umbral...

Lentamente se va desentumeciendo mi alegría.
De a poco voy entendiendo el umbral que crucé en Cusco y que tenía que suceder para empezar a resolver mis "deudas" y mis dudas sobre mis capacidades afectivas.
Dicen que para saber amar hay que saber sufrir. Corrijo: para aprender a amar hay que haber sabido buscar la felicidad de a dos sin guardarse nada e intentándolo todo y si toca sufrir, asumirlo y aceptarlo. Eso me sucedió en el Cusco. La única tragedia, vista ahora, es que ELLA no estaba en un período similar de su vida, con una “trayectoria” similar, y en condiciones de liberarse de sus miedos y así cruzar también su propio umbral. El suyo fue un amor autista. A ella le queda su propia autocrítica; ella sabrá, quizás, hasta donde fueron verdaderas o no sus excusas y sus expresiones de compromiso que le impidieron siquiera llegar al umbral.
A mi me queda no arrepentirme, no claudicar en mi convicción de que amar es estar, compartir, construir y brindarse sin miramientos y de que lo más cercano a la felicidad radica en eso. NO es una cuestión riesgo-beneficio. No hacerlo significa llanamente ceder ante el nihilismo, renunciar a los sueños compartidos. A propósito de esto pensaba sobre la moto que el verdadero suicida es aquel que mata sus propios sueños.

Salta, Argentina, diciembre de 2009

Cierro los ojos y veo aún, verdes, las montañas que rodean el Cusco.
Cierro los ojos y veo aún, iluminada por el sol de la mañana, la Plazoleta de San Blas.
Abro los ojos y veo mi chuspa con hojas de coca de Coriveni y de los Yungas junto a mi equipaje desparramado.
Abro los ojos y sueño con la mujer que aún amo expresándome felicidad de estar juntos.
Cierro los ojos y veo, aún, el caos omnipresente, su falta de compromiso y la ausencia de un camino juntos.
Cierro los ojos y se suceden vertiginosamente kilómetros de montañas y altiplanos y selvas en el formato cinemascope que asemeja el visor de mi casco maltrecho.
Abro los ojos y desde la moto veo la planicie, las ciudades y los pueblos más ordenados y las luces de los coches nuevos.
Abro los ojos y sueño.
Cierro los ojos y veo.
No sé si vivir ahora con los ojos cerrados o abiertos.

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Cómo si de repente de otra vida u otra época se tratara, en una semana de viaje retomado, Ecuador me hospeda con una calidez maravillosa. Y como saben quienes me conocen, siempre repito que el país es su gente. El verdadero mapa que voy siguiendo es el que delinean los amigos que voy haciendo. De repente me pregunta uno, ¿por qué no vas a tal lugar?, allá nuestro amigo tal es cheverísimo. Así aparece en mi mapa el lugar tal. Y así continúa el viaje.

Guayaquil fue una separación y una ruptura pero también fue la liberación de mi humor y de mi liviandad.
Guayaquil son los cangrejos, los cajones de cerveza, el agiaco y los bolones de plátano verde, entre chistes y anécdotas en casa de este personjae genial llamado Ricardo Bock; podemos cenar a las 4 de la mañana y almorzar a las 6 de la tarde.
Guayaquil es también la sonrisa inmediata y la cordialidad de un inventor de puentes, Sergio Rivera, de Medellín.

Es inevitable advertir esa diferencia. Hay pueblos extrovertidos y otros que no lo son. En Ecuador la gente en la calle a uno le responde con buen humor y cortesía. ¿Por qué el taxista en un lado se interesa por entablar una conversación, muestra curiosidad y deseo de saber del extranjero y en el otro ni siquiera le contesta un “buenos días”? A vos A, te digo que sí, fue el Cusco. Pero posiblemente nunca lo entiendas porque no puedes despojarse de ese Cusco aislado entre hermosas montañas, de gente áspera y a quien no le sobra nada.

En sólo dos días:
del polvo del camino y camas a 6 dolares la noche a un hotel 5 estrellas donde nada falta, cortesía de un amigo nuevo e inesperado en Guayaquil;
de comer menús de 1 dólar y medio a degustar 9 cangrejos de los manglares de Guayas;
de una moto y un lecho compartido y de la zozobra a la ausencia omnipresente y a la liviandad;
de pensar en crear una familia a recuperar la propia;
de un “te amo como nunca he amado” a un “te amo pero me voy”.
En sólo dos días: de Perú a Ecuador.
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Guayaquil

En el Cerro Santa Ana el viento murmulla historias de piratas y corsarios; también me dice que viene de lejos, que trae mensajes de los Apus que me vieron pasar por Huayrocondo y el Cusco. No traen sin embargo el susurro de la mujer que poseí pero que nunca tuve.

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Sta. Teresa- Sta María-Puerto Abra Málaga 4316m-Ollantaytambo-Urubamba-Pisac- Cusco (240 km). Hermoso viaje en moto, sorteando curvas, recostándome en subidas y bajadas, negociando con el ripio y las piedras, atravesando cascadas y ríos desbordados, probando los límites de mi cuerpo y de la máquina sabiendo que nadie me espera. Durante el recorrido tendré que inventarme un sistema de grabación porque pienso en voz alta, hablo, comento, deseo compartir esos momentos sublimes. Cuando llego, cansado, olvido o postergo.

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Niña de Copacabana

La cholita sólo ríe cuando baila la chuta, la puna o la tarquiada. Con el amanecer monta su puesto de souvenirs frente a la entrada de la basílica y espera. Recién cuando se puso el sol envuelve en su aguayo todo cuanto hay en la mesa y se marcha. Mientras recoge el puesto su mirada refleja un pensamiento tan profundo, tan hermético, tan insondable como el lago que comienza bajando la calle. Su rutina es la resignación. La cholita tiene 14 años.

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¿Y si de verdad es creer para ver, ver para mirar,
oir para escuchar?
Es un estado de conciencia el que decide lo que para nosotros existe o deja de existir. Es el estado de conciencia el que decide el miedo, el amor, la angustia, la euforia. ¿Acaso no vemos y comprendemos más en estado de vigilia, de ensoñación o de alucinación?¿ Acaso no nos desprendemos temporalmente de esa falsa coraza de sensaciones cuando alcanzamos un alto estado de paz meditativa, independientemente del método utilizado para alcanzarla?
Llamémosle estado de conciencia-occidental a nuestro estado perceptivo “normal” basado en la impregnación de métodos científicos social y culturalmente impuestos: ver para creer, relación de causa-efecto. Pero entramos en conflicto con nosotros mismos cuando no somos capaces de quedar satisfechos con explicaciones de sucesos, realidades, pero sobre todo sensaciones basados en nuestro estado de conciencia-occidental. Queramos o no tendemos a la búsqueda de la verdad. Nuestro estado de conciencia-occidental niega la existencia de lo que no comprende.

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“En el camino nos sobrarán destinos” (Bebe)

Avanzo con mi moto los kilómetros de un mapa que aún no existe
Hacia adentro va mi viaje recorriendo los tiempos de mi vida:
asciendo penas y desciendo euforias, deshago amores y reconstruyo desamores
A veces llego a rincones que no me dejan continuar.

Niña, no pares que el tiempo se nos va.
Quedate esta noche y sentí el dulce de mi amor.
Y si mañana mi cuerpo ya se fue
Que no te asalte el dolor;
en el tuyo habitará mi viaje:

… porque de distancias se hace el hombre.
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Santa Susana de la Cama es rubia y tiene piernas muy largas. A Santa Susana de la Cama, patrona del sueño, le gustan las ofrendas de comida. De manera que si quieres disfrutar de un descanso relajado, lo que se dice un verdadero sueño reparador, no hace falta que le reces una oración. Una marraqueta con manteca y nutella en un plato que dejes junto a la cama te garantizará una noche de descanso ininterrumpido.

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Teodosio es carpintero. Tiene 75 años bien laborados. Es pequeño, de rasgos europeos, tiene su piel curtida y el único diente que asoma detrás de su sonrisa omnipresente denota inmediatamente su condición social. Teodosio es viudo y vive en un cuarto alquilado en una de las infinitas casas sin revocar que decoran los morros que llevan al Alto.
Teodosio también es sordo por culpa de una barra de metal con la que tres rateros lo dejaron tendido frente al cementerio para robarle todo menos los calzoncillos y su dignidad. Eso habría sucedido hace unos 5 o 15 años. Tres meses estuvo convaleciente Teodosio en un hospital de La Paz hasta que pudo retornar a sus maderas. Los 250 pesos que la Renta Dignidad le paga mensualmente le alcanzan, me dice, para pagar el alquiler y su comida. Pero quien lo ve trabajar todos los días desde temprano las puertas, sillas, armarios y marcos de puertas y ventanas en casa de Juan y Mabel sabe que no lo hace por un jornal o un precio convenido por pieza terminada. Desde su mundo de silencio y sonrisa Teodosio hace que todos los días las maderas le devuelvan la escucha, sus dientes, su mujer y su juventud.
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Aprendizajes 4 o la Pachamama 4: boca arriba
Chulumani (Sud Yungas)- La Paz: camino de piedras y ripio ascendiendo de la selva al altiplano.
En el trayecto me detengo varias veces para hacer alguna toma fotográfica. En una de estas paradas, en el camino de cornisa, aprovecho para refrescarme y mientras sostengo una botella de agua un destello hace que mire hacia mis pies. Bajo una piedra en la que apoya mi bota derecha, justo al borde del desfiladero, sobresale la cola de una serpiente de color negro con destellantes franjas rojas. Mientras enciendo la cámara de video remuevo la piedra cuidadosamente con mi bota. El reptil, de poco más de un metro de longitud gira sobre su eje y comienza a reptar lentamente hacia el desfiladero. Miro a mi alrededor pero no encuentro un palo para poder detenerla y filmarla más de cerca. Unos días más tarde constato que la serpiente era una Sicurí (Yarará para los Guaraníes).
Más adelante comienza a llover. Antes de entrar en una curva un autobús que viene en sentido contrario me hace señales. No hay lugar para los dos en el camino así que me detengo junto al borde del camino y apoyo el peso de la moto sobre mi pierna derecha. No veo que en ese lugar la tierra esta suelta por la lluvia y comienzo a perder pie. No consigo detener el impulso que, inevitable y lentamente, como en cámara lenta, me desliza y me vuelca hacia una zanja de un metro de profundidad; la moto me acompaña y queda encima de mí. Sorprendido permanezco boca arriba unos segundos. La caída fue gentil, no siento ningún dolor, no me cuesta demasiado esfuerzo salir de debajo de la moto. Sin embargo tengo que subirla, con sus 139 kg, el tanque lleno y el equipaje, hasta el camino. El autobús pasó de largo sin detenerse. En ese momento ni me pasa por la cabeza el peso que tengo que levantar; simple y decididamente levanto y empujo la moto hasta apoyarla sobre el camino. Agotado y en cuclillas me quito el casco. Me falta fuerza para el último esfuerzo de pararla sobre el pie. La cabeza me late pero lo consigo. Estoy empapado en sudor y agua de la zanja. Necesito diez o más minutos para recobrar el aliento y poder continuar mi viaje. Me tiembla todo el cuerpo pero no es por el frío.
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A veces la vida nos regala momentos de plenitud sin preaviso y que no necesariamente tienen que ver con el amor. Son esos momentos que uno se empeña en eternizar aún a sabiendas de que es inútil y aunque fuera posible igualmente perderían el significado.

Ayer me sucedió uno de esos momentos-eternos con M. mientras participábamos de la ceremonia del Qhapak Raymi.
M. busca mi presencia desde sus hermosos 19 años; sonríe sin freno, sus ojos dejan ver una desnudez desprejuiciada, no teme.
Me observa tomar notas, fotografiar, filmar y me sonríe con sus ojos bien abiertos. Estamos pendientes el uno del otro sin dejar de participar activamente de la reunión.
En un momento M. se sienta a mi lado, está cansada. De la manera más natural apoya su mano entre mi hombro y mi pecho y recuesta su cabeza cálida, que en ese momento es todo su ser y se convierte de pronto en todo mi universo. Recuesto mi cabeza sobre la de ella y ya no me importa ni el video que estoy mostrando, ni los asistentes ni nada que escape a esa unión de voluntades, de palabras que nunca se van a expresar, de deseos que nunca se concretarán. Cierro mis ojos y la sala contigua me devuelve las melodías de los mejores tangos. Siento la respiración de M. sobre mi pecho. El breve contacto de nuestros cuerpos es las más espléndida y abarcativa unión de fuerzas en reposo, la sublimación del ser y del estar.
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Aprendizajes 3 o la Pachamama3: el taxi

Vengo gambeteando un accidente grave negociando pequeños contratiempos: alguna frenada tarde en una curva, un resbalón o una rotonda que no termina de cerrar. Hoy fue un golpe con un taxi. Tengo suerte, o es la Pachamama, esa madre-fuerza de la que me hablaba Gudrun, quien me protege hasta hoy. Esta mañana entrando en la rotonda de la Plaza Isabel la Católica, arrancando de un semáforo, un taxi me chocó el costado derecho de la moto. No me caí, más bien quedé cruzado, sostenido por el guardabarros blanco del taxi, que colgaba. La primera impresión fue de sorpresa (¿!de dónde mierda salió este?!), la segunda de chequeo rápido (todo parece estar bien, la barra Puig protejemotor me salvó la rodilla), en tercer lugar comencé a sentir el mundo a mi alrededor (en particular el ruido y la voz de un policía). Finalmente moví la moto a un costado, me saqué el casco y me tomé la rodilla que, a pesar de haber abollado el guardabarros metálico, no me dolía demasiado. El paragolpes blanco del taxi había sido abierto como una lata de sardinas por la barra protejemotor. La moto estaba intacta.

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A mis espaldas, sentado cómodamente en una mesa redonda en el Alexander hay un grupo de hombres bien trajeados; ninguno tiene menos de 60 años. Hablan en voz alta. Coinciden en que la política de Evo Morales es un despilfarro, en particular su plan de inclusión educativa denominado Juancito Pinto. No parecen sin embargo coincidir en las cifras: qué son 340 millones; qué son 700 millones tirados a la basura.
Sarcásticamente, entre risotadas, se burlan del gobierno, pero sobre todo del “vulgo” que lo vota.
Después se mofan de la decisión de Morales de “intentar chantajear” a EEUU expulsando a la DEA del país. Los dinosaurios paceños se confabulan, intrigan en la mesa del bar. Nadie les prohibe hablar, expresarse despectivamente; nadie los persigue con palos o piedras, nadie los discrimina por blancos.
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Efrain es lustrabotas. Se sienta a mi lado en un banco de la Plaza Abaroa después de ofrecerme en vano sus servicios. Mis botas de motociclista ya están más allá de cualquier tratamiento. - ¿Argentino? Sí. ¿Y cómo se vive allá? Muy bien no lo sé porque no vivo allá. ¿Y qué hacés acá? Viajo rumbo al norte, sin plazos. Ah! ¿en coche? No, en moto. ¿Y cuánto te costó la moto? Bastante plata - Después de un rato soy yo quien pregunta- ¿Por qué llevás la cara cubierta con un pasamontañas? Para que mi novia no me vea lustrar zapatos. ¿Cuántos años tenés? 16. ¿Vivís por acá? (ya sabía la respuesta) No, en El Alto. ¿No vas al colegio? A la noche aprendo electrónica - Me dice que unas chicas sentadas a dos bancos de distancia me miran; son del barrio, de Sopocachi, lucen zapatillas importadas:"El gringo" y el lustrabotas. Le pregunto sobre la vida en El Alto mientras veo que en su caja de utensillos hay pegada una calcomanía de Evo - Bien, pero hay robos. -¿Muchos? -A veces, en La Ceja, ¿y en Argentina?- También se roba. -Ah! - Mientras hablamos Efrain ofrece su trabajo a todo aquel que pasa calzado con zapatos. Apenas unos pocos le contestan; siempre con un no. - No hay mucha suerte en Sopocachi. Es mejor el Prado.- ¿Cuánto ganás en un día? -Si es bueno 60 bolivianos pero normalmente 40 bolivianos - El sandwich y el refresco que Cristel me invitó ese mediodía en el Alexander (a 40 metros en línea de donde estamos sentados) supera el jornal de Efraín.

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“si su caricia ya no te falta dejá entonces de soñarla” escribía la noche anterior como parte de una mala canción.

Subo a un coche que conduce Sven y que me lleva por una amplia avenida. En el coche hay otras personas que seguramente conozco. Vengo al cumpleaños de “ella”. Sven me pregunta cuándo regreso. Le contesto que esa misma noche tengo el vuelo de vuelta. En ese momento aparece “ella”, me mira con ojos llorosos, me abraza y me besa tiernamente. Inmediatamente me suplica que no le pida nuevamente perdón.

Me sobresalto en la cama. La imagen de “ella” está fresca: es joven, pequeña y rubia. No coincide con los rasgos de “ella”, a quien siento en ese momento en todo el cuerpo y a quien sin dudas pretende evocar el sueño. La avenida amplia está evidentemente en Buenos Aires y no en la Hamburgo de “ella”. Miro el reloj: las 8 y media. Es tarde. Me levanto con añoranza de “ella”, a pesar de la idealización de una imagen y de la simbología caprichosa o no del sueño. Mientras me visto caigo en la cuenta de que es viernes 5 de diciembre. Sonrío. Apenas acicalado me dispongo a subirme a la moto cuando suena mi celular. Es "C" después de dos semanas de ausencia. “¿Estás en La Paz?”- Sí- le contesto- ¿cuándo llegaste?, pregunto – “Acabo de bajar del avión”.
"C" también es joven, pequeña y rubia.
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Aprendizajes 1 o la Pachamama 1: si es bajita, mejor.

Un viaje es un proceso de aprendizaje. Un viaje en moto en Bolivia es, desde que cruzas la frontera en Villazón, un aprendizaje de manejo.
Apenas dejo atrás la ciudad comienza el camino de ripio, tierra y piedras, que más adelante se convertirá en el cauce de un río y finalmente en el mismo río. El tramo hasta Tupiza es de una gran belleza, sólo que para disfrutarlo cabalmente hay que detener la marcha de vez en cuando. Las curvas y el ripio no aconsejan la distracción. No hay grandes poblaciones hasta Tupiza, pero tampoco se llega tan fácilmente. A falta de unos 30 km unos tambores de aceite a la salida de una curva bloquean el camino. Es el anuncio de un desvío, que no es otra cosa que un río que baja y le da verde a un valle de extrema hermosura. El camino, como habrán imaginado, es la orilla del río; a veces la occidental, otras veces la oriental, esto es, hay que ir cruzando la corriente según los caprichos de la naturaleza.
Ante el primer cruce mi sensación inmediata fue: “no paso”. Pero como tampoco había opción crucé mojándome hasta el casco. La segunda vez, envalentonado, no me detuve siquiera a medir la profundidad; también pasé. Lo que no sabía en ese momento es que aún faltaban otros cinco cruces. A partir del tercero ya se me borró la sonrisa. Estaba teniendo demasiada suerte y la estadística suele prevalecer en estos casos: 6 a 1 significaría una caída en el río, mojadura completa de la moto, tiempo de espera para poder seguir viaje.
Como corresponde a un buen drama, el último cruce del río sería el más difícil. No había una huella, las piedras en medio del río formaban remolinos y era imposible trazar una línea recta que me evitara tener que maniobrar dentro del agua. Debo decir que no la pasé nada bien pero conseguí cruzar. Ahí comprobé lo que me había dicho Juanto, que anda de travesía con una Varadero: “has elegido la moto correcta, es baja y no vas a tener problemas cuando te metas en los ríos”. Mérito de la Twister.

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Aprendizajes 2 o la Pachamama 2: si viajan en Bolivia no tomen un camino alternativo y si les dicen que es trajinado: ¡huyan!

Unos pocos kilómetros después de dejar atrás el río me detiene una cadena que cruza el camino: peaje, 5 bolivianos. Empapado aún, miro al empleado de caminos con una sonrisa sarcástica mientras le pago. La cosa cambia sin embargo a poco de dejar Tupiza. Otra “casilla” de peaje y control de tránsito pero esta vez ya se me fue el humor. Me piden otro “peaje” mientras me dicen que voy a tener que esperar 3 horas para continuar mi viaje porque el camino está cerrado por “obras”. Contesto que no puedo esperar ese tiempo, que me agarraría la noche con 100 km por delante hasta llegar a Cotagaita, única meta posible con hospedaje seguro. Tenso el ambiente, no les pago los 5 bolivianos. Un paisano que escucha la conversación me dice que hay un “camino alternativo un poco trajinado”, que pasa por una mina y sale unos veinte km más allá del corte. Nunca sabré si el hombre realmente me quiso hacer un favor.
Apenas dejé atrás la mina el camino comenzó a angostarse y a subir entre las paredes de una cañada angosta hasta llegar a un cruce de senderos. No había a quién preguntarle la dirección así que dejé la moto y caminé hasta encontrar a una chola que cuidaba unas cabras: “el de acá”, me dijo. Comencé a subir y con ello a maldecir mi decisión. ¡Admirable la tracción de las cabras, realmente! Durante más de media hora hice equilibrio entre piedras por desfiladeros que tenían una caída libre que no tuve ocasión de calcular. Es cierto que el miedo aprovecha tus fuerzas hasta lo insospechado porque de otra manera no explico – yo, porque una mujer después sí lo hizo – cómo resistí el peso de la moto cargada, que a casi 4000 metros y con la pendiente se ahogaba. Para mi suerte cada vez que resbalaba hacia atrás encontraba un punto de apoyo que me ayudaba a detener la caída. Aprendí forzadamente a hacer trial pero cuando llegué a la cima y pude apoyar la moto el ahogado fui yo. No sé si fueron cinco o diez minutos en los que miré la inmensidad tendido sobre unas piedras, recuperándome.
La bajada ya no importaba. Tardé casi dos horas en recorrer esos veinte kilómetros hasta retomar la “carretera” de ripio. A Cotagaita llegué ya de noche y me hospedé en la primera posada que vi. ¡Cosas de la vida! Subiendo la escalera que llevaba a mi cuarto tropecé en el penúltimo escalón y me lastimé la rodilla derecha.
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Aún te idealizo en los momentos de soledad y te olvido
cuando cualquier flor me da su perfume efímero.

Ya no te siento ni me resiento.

Nuestro tiempo común hoy no tiene espacio.
Será acaso cuando otra boca me hable de amor
que el tiempo compartido se instale formalmente en mi pasado.

Mientas, en este limbo, buscaré respuestas que jamás me satisfarán.
Habrá melodías que me den cobijo,
Noches donde las sombras serán muy largas
Y días en que el sol calentará más.

Sé tambien que cuando menos lo espere volverá acaso el arraigo,
Que será el mismo sol, otra melodía y una nueva flor.